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Father and protector of PROGRESSIVE GAMES, SANTANDER, Cantabria, España (Spain), Unión Europea (European Union)
Sep 2001 time: 06:26
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CAPÍTULO V. PROSPERIDAD FRANCESA.
La nación francesa se convirtió en la primera exportadora de pieles de castor y el comercio de adelantos científicos fue muy beneficiosa para las arcas francesas tanto que a su vez financiaban la propia investigación.
Fue el comienzo del explendor de la colonia francesa de Poitiers situada en el litoral sur de la extensa estepa alemana, donde la abundancia de caza permitió el desarrollo de una importante familia de comerciantes. La familia Levaben de la que descendería el famoso político Bernard Levaben, precursor de la democracia francesa.
Aunque Poitiers fue fundada en el 380 AD, por los colonos franceses que viajaron en la lejendaria trirreme de Saint Anne, no fue hasta el siglo XII hasta que se construyó el puerto que dió gloria a esta colonia y a la principal familia de colonos, los Levaben.
En cuanto al territorio continental, el ya consolidado cuerpo de Mosqueteros de la República, querido y respetado por los franceses, era la envidia de los demás vecinos del continente, y así su fama de aguerridos y disciplinados mantenía la paz y el orden frente a cualquier posible invasor.
La república francesa se mantenía estable y segura en medio de las diferentes culturas que la rodeaban. La república, de origen feudal, mantenía todavía estructuras arcaicas, así mismo, la asamblea sólo la podrían formar representantes elegidos por Sufragio censitario, entre los terratenientes principales con derecho a voto de cada una de las ciudades francesas. Además para ser representante se debía ser además de terrateniente principal, tener más de 40 años y haber demostrado su lealtad a la república. Sin embargo la creciente importancia de la clase comerciante y burguesa comenzaba a crear presión sobre el sistema, tanto que se algunos de ellos comenzaron a actuar como colectivo, se hacían llamar los renovadores. Así pues, la sociedad francesa comenzó a dividirse entre Pro-principales y renovadores, estos últimos mantenían entre sus principales demandas, el sufragio universal masculino y la libertad de la libre empresa, además de que el estado apoyase medidas para la incentivación del comercio, como por ejemplo la construcción de un Banco Central.
CAPÍTULO VI. ENVIDIAS Y RENCORES. EL PRIMER REARME.
En el 1190, la superioridad tecnológica francesa se hizo patente, la República gobernada por los discípulos de Pier Roland que formaban el ala moderada de la asamblea, había conseguido situar las bibliotecas y universidades francesas en fuentes de sabiduría sólo comparables a las griegas o las egipcias. Sin embargo, la amenaza alemana volvía a crecer en el sur, movimientos de hordas germanas se fortificaban en la frontera y se temía que en un breve periodo de tiempo Alemania se abalanzaría sobre nuestra tierra. Fue entonces cuando se demostró la ineficiencia de la administración de los moderados de Pier Roland, y en una reunión extraordinaria de emergencia se aprobó una partida militar destinada a la formación de nuevas divisiones de caballería y de mosqueteros de la república dispuestos a defender a la patria. También se aprobó la construcción masiva de barracones y cuarteles donde formar a nuestros hombres, comenzó un llamamiento a los jóvenes franceses para que se alistasen en un ejército republicano.
La respuesta ciudadana fue sorprendente para 1260 se había pasado de 15 unidades de caballeros en 1190 a 23 y de 28 de mosqueteros de la república a 35. Además recientemente descubrimos los secretos de la metalurgia y Francia comenzó a producir cañones.
Para el año 1335, nuestro ejército superaba holgadamente al alemán según el ministro de defensa Paul Lefeit.
Por otro lado, durante este tiempo una nueva facción política que descendía del ala más agresiva de los discípulos de Pier Roland comenzó a hacerse notar en la vida política francesa, estos eran los militaristas, que coincidían en bastantes puntos con los renovadores y hasta cierto punto se mezclaron y se unieron aislando a los Principales, de modo que en las importantes ciudades del norte de la capital ya disponían de ciertos poderes y algún representante, pues las familias de los militaristas, al ser descendientes de los principales discípulos de Pier Roland eran también principales.
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CAPÍTULO VII. INDUSTRIALIZACIÓN Y PODER
En 1325, Francia entra en la nueva era industrial, los primeros prototipos de máquinas a vapor comenzaban a aparecer en las principales ciudades francesas. La novedosa maquinaria supuso una ruptura con todo lo anterior y sobre todo, las esperanzas de los renovadores y de los militaristas se veían alentadas con los nuevos tiempos. Los renovadores, en su mayoría comerciantes verían crecer sus negocios con la aparición de la industria, y los militaristas verían nuevos ingenios de muerte y destrucción. Los moderados, todavía fieles a los mandatos de su mentor, se veían repugnados por las ideas militaristas y creían en un mundo más fraternal y en el intercambio cultural como fuente de desarrollo.
En esa misma época, grandes tropas francesas se dirigieron a los enclaves del sur de Dijon, Besancon y Amiens donde se fortificaban importantes contingentes de caballería alemana. En las montañas del carbón en la frontera con Heidelburg se fortificaban algunos mosqueteros de la república para evitar que esas posiciones pudieran ser tomadas por el enemigo, además de contener cualquier invasión por ese flanco.
Del exterior llegaban noticias de los movimientos nacionalistas en Rusia, Egipto y Grecia y de la formación en dichos países de milicias nacionales que no llegarían a verse en Francia hasta el año 1355 año en el que la nueva milicia nacional sustituiría casi por completo a los mosqueteros de la república, cuyo armamento y uniforme se había vuelto obsoleto por completo. Para muestra, los germanos llamaban a los mosqueteros franceses "rasca-cabezas" ya que el uniforme de mosquetero francés incluía una peluca que era muy propensa a llenarse de parásitos y piojos.
Ese mismo año, los alemanes también nos sorprenden con su propia milicia nacional. La amenaza alemana comienza a crecer.
En cuanto a la caballería, los cuerpos de caballería hasta la época dependían de los señores principales de la república, sin embargo los nuevos cuerpos de caballería surgidos en el siglo XIV enseguida fueron adoptados por los franceses y en el año 1325 ya se disponía de 26 divisiones completamente equipadas, muchas de ellas eran pertrechos pertenecientes a los cuerpos personales de los principales que se pasaron al ejército nacional tras reinterpretarse el decreto militar vigente desde el año 1190.
CAPÍTULO VIII. LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA REPÚBLICA.
Los años anteriores al 1365 fueron relativamente tranquilos en cuestión de asuntos exteriores. El nuevo ejército nacional se creía que había sido suficiente para mantener a los alemanes a raya y las preocupaciones de la república ya no se centraban tanto en la formación de nuevas unidades sino en no desatender las fuentes tradicionales del crecimiento, esto es, el comercio de tecnologías. Por lo tanto los últimos años de la república volvieron a reanudarse las obras de construcción de algunas universidades y catedrales aplazadas por causa del decreto militar del 1190.
En cuanto a los asuntos internos, la cosa estuvo más calentita, desde el año 1350, el partido de los militaristas lo dirigía Bernard Levaben, hijo de Francoise Levaben, famoso e ilustre comerciante de Poitiers y reconocido militante de los renovadores. Al contrario que su padre, Bernard era más visceral y en medio del clima de rearme sus ideas comenzaron a tomar mayor peso entre sus colegas renovadores, sin embargo él se fue aproximando al ala más radical, al lado de los militaristas. Aunque él apoyaba una democracia real con sufragio universal masculino y una mayor libertad del comercio, sin descuidar, eso sí, las ventajas de investigación propias de La France, defendía que la seguridad de Francia no vendría por las bibliotecas ni por los templos sino por el tamaño del ejército francés. Sólo un ejército fuerte podría hacer a una nación fuerte, y Francia se encontraba en una situación inmejorable para dar este paso hacia una nueva era. Además, Levaben no podía soportar que Francia tuviese que importar recursos que podrían estar bajo sus manos y buscaba fervorósamente apoyos de los Iroqueses para futuras campañas militares (aquí ya se le notaban sus preferencias por las agresiones militares enfocadas a las riquezas que aún estaban en manos de la mermada Inglaterra y a las ricas principales ciudades alemanas).
CAPÍTULO IX. GUERRA Y ANARQUÍA.
El año 1365 amaneció con una revuelta en la asamblea, una mayoría de renovadores y militaristas portando pistolas presentaron ante el moderado presidente de la república Phillip Da Monde, una nueva constitución para ser aprobada y retirar así el antiguo régimen Republicano. La sorpresa en los ojos de Da Monde ante lo que era un golpe de estado inspiraron al artista Victor David en su obra donde se ve a Bernard apuntando al presidente con una leve sonrisa en la comisura de los labios. El mismo gesto se repetía en las asambleas provinciales de las principales ciudades de la nación. Los moderados asustados en minoría no pudieron resistirse. Sólo en alguna ciudad del sureste, los moderados opusieron alguna resistencia pero fueron inmediatamente eliminados. Esta muerte patética de la república se veía anunciada desde el mismo momento que Bernard Levaben entró en la vida política francesa.
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