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Jay Bee
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Valladolid, CA
Jan 1970 time: 06:15
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It's great this thread has been brought back to life 
ROMANCE DEL DUERO - Gerardo Diego
Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quien pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.
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Jay Bee
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Valladolid, CA
Jan 1970 time: 06:15
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A UN OLMO SECO - Antonio Machado
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
El olmo centenario en la colina...
Un musgo amarillento
le lame la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en malena de campana,
lanza de carro o yugo de carretera;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta.
Antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
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Jay Bee
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Valladolid, CA
Jan 1970 time: 06:15
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LA CASADA INFIEL - Federico García Lorca
Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.
*
Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.
Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.
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Alfonso
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Spain
Apr 2002 time: 06:15
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Autobiografía de Antonio Machado
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierra de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara ni un Brandomín he sido —ya conocéis mi torpe aliño indumentario— mas recibí la fecha que me asignó Cupido y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina; pero mi verso brota de manantial sereno, y más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; mas no amo los afeites de la actual cosmética ni soy un ave de esas del nuevo gay trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera mi verso, como deja el capitán su espada, famosa por la mano viril que la blandiera, no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo —quien habla solo, espera hablar a Dios un Día— mi soliloquio es plática con este buen amigo, que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo. Debéisme cuanto he escrito. A mi trabajo acudo; con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos del mar.
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WRW
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Madrid
Aug 2002 time: 06:15
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Si se me permite la lincencia, voy a postear toda una oda a la melancolía del genial Joaquín Sabina:
Como quien viaja a lomos de una yegua sombria,
por la ciudad camino, no pregunteis adonde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el dia
y no hallo mas que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vomito de humo
a un cielo cada vez mas lejano y mas alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estara verde, debe ser primavera.
Cruza por mi mirada un tren interminable.
El barrio donde habito no es ninguna pra-dera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el numero siete, Calle Melancolia,
quiero mudarme hace annos al barrio de la alegria.
Pero, siempre que lo intento, ha salido ya el tranvia,
en la escalera me siento a silbar mi melodia.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido
que viene de la noche y va a ninguna parte.
Asi mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama,
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos,
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse. Soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras.
Si quieres encontrarme, ya sabes donde estoy.
Vivo en el numero siete, Calle Melancolia,
quiero mudarme hace annos al barrio de la alegria.
Pero, siempre que lo intento, ha salido ya el tranvia,
en la escalera me siento a silbar mi melodia.
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