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Fiera
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Proud Member of the Spanish Gang
Mar 2000 time: 06:18
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Bueno, empecemos por lo que de él dice Cervantes:
"Un Viriato tuvo Lusitania; un César, Roma; un Aníbal, Cartago; un Alejandro, Grecia; un Conde Fernán González, Castilla; un Cid, Valencia; un Gonzalo Fernández, Andalucía; un Diego García de Paredes, Extremadura..."
"Y este Diego García fue un principal caballero, natural de la ciudad de Trujillo, en Extremadura, valentísimo soldado, y de tantas fuerzas naturales, que detenía con un dedo una rueda de molino en la mitad de su furia; y puesto con un montante en la entrada de una puente, detuvo a todo un innumerable ejército que no pasase por ella, e hizo otras tales cosas, que si´como él las cuenta y las escribe él de sí mismo con la modestia de caballero y de coronista propio, las escribiera otro libre y desapasionado, pusieran en olvido las de Héctores, Aquiles y Roldanes."
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha,, 1ª parte, caps. XLIX y XXXII.

García de Paredes nació en 1468 y murió en 1533, y su fama era enorme todavía en la época en que Cervantes escribió el Quijote y aún un par de generaciones después, pero hoy en día es, desgraciadamente, un personaje sumamente oscuro y poco conocido. Tiene una calle en Madrid, pero casi nadie sabe quién era. 
Aunque Cervantes le llama "caballero", no fue el tipo de caballero medieval que estamos acostumbrados a imaginar, no por su caracter, sino por la época en que vivió, los inicios ya de la Edad Moderna. A lo mejor por eso no te sirve para lo que tú o tu amigo queríais, pero es lo más parecido a un caballero andante de novela que se puede encontrar en la historia, por lo menos en la de España.
Los apodos de Hércules y Sansón ya dan una idea de su fuerza colosal, que dio origen a toda clase de episodios, algunos que rozan lo legendario (como el que narra Cervantes de la rueda de molino), otros perfectamente documentados, y confirmados hasta por las fuentes enemigas (francesas en este caso), como el episodio del puente que defendió él solo del ataque enemigo (un montante es un mandoble).
Por su fuerza fue famoso ya de joven en Extremadura, cuando aun no había salido de Extremadura. Una anécdota divertida es que, cortejando una noche desde la calle a una doncella, arrancó de cuajo la reja de la ventana, para estar más cerca de ella. La doncella le dijo enojada que al día siguiente todo el mundo sabría que se veían secretamente, lo que significaría un escándalo. Ni corto ni perezoso, Paredes arrancó de cuajo todas las rejas de la calle.
En 1495 se marchó a Italia en busca de aventuras. Llegó tarde a Nápoles, cuando la primera campaña de Gonzalo Fernández de Córdoba estaba ya decidida a favor de España y en contra de los franceses. Él se dirigió a Roma, donde sabía que andaban un par de amigos suyos de Extremadura, Gonzalo Pizarro y Cristóbal de Villalba. Allí los tres juntitos se metieron en la guardia del Papa, que era Alejandro VI, español, y pronto se hicieron famosos, por dar tortas y pan pintado, con solo unas barras de hierro frente a espadas, a un grupo mucho más numeroso de nobles romanos que les había menospreciado.
Resulta que Paredes tenía un tío cardenal en Roma, al cual, por orgullo, no se había dado a conocer. Como con el episodio de las barras llamó la atención, el cardenal se dio cuenta de que era su sobrino, lo recibió en su palacio, se lo recomendó al papa, y este le nombró capitán de una compañía, en la que él metió a sus amiguetes extremeños.
Como capitán del papa alcanzó triunfo tras triunfo, y se encumbró especialmente a las ordenes de César Borgia, el hijo del papa, que le encomendó la toma de varias ciudades. Para cuando el Gran Capitán fue enviado de nuevo a Italia (1500), Paredes, Pizarro y Villalba ya se habían labrado un nombre, y cada uno como capitán de su propia compañía, se unieron a las tropas del Gran Capitán, que inicialmente se dirigieron a tomar la isla de Cefalonia a los turcos.
En esta protagonizó otro episodio llamativo: como se acercaba mucho a los muros de la ciudad, los turcos le atraparon desde las murallas mediante unos ganchos y lo izaron hasta arriba, pero llegado a lo alto, fue acabando uno a uno con cuantos turcos se le acercaban, hasta que, tras varias horas, le venció el cansancio. Fue hecho prisionero y, cuando varios días después, los españoles daban el asalto definitivo, pudo escabullirse de su prisión y atacar por la espalda a los turcos que se defendían del asalto.
Last edited by Fiera on 13-03-2002 at 17:06
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Fiera
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Proud Member of the Spanish Gang
Mar 2000 time: 06:18
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Bueno, sigo, espero que no os estéis aburriendo...
Después de la toma de Cefalonia, vino la segunda guerra de Nápoles contra los franceses. Antes de que se enfrentaran los ejércitos en batalla abierta, se promovió un desfío entre once caballeros franceses y once españoles, porque los franceses habían osado decir que los españoles les igualaban en la lucha a pie, pero les eran inferiores en la lucha a caballo. El encuentro se celebró a las afueras de la ciudad de Trani.
Paredes fue uno de los once elegidos por el Gran Capitán para dar una lección a los franceses, a pesar de estar herido en la cabeza. Ocurrió que la mayoría de los franceses cayeron pronto de sus caballos, por lo que se limitaron a tomar una actitud defensiva, parapetándose tras los cuerpos de los caballos muertos. Las horas pasaban pero los españoles no eran capaces de rendirles. Paredes atacaba con tanto ímpetu que acabó perdiendo también su caballo y hasta sus armas. Desesperado, tomó las grandes y pesadas piedras que delimitaban el campo y se las lanzó una a una a los franceses, sin conseguir tampoco rendirlos. Acabó haciéndose de noche, y los jueces (que eran venecianos) dictaminaron que ambos equipos habían sido igual de buenos.
Se cuenta que el Gran Capitán recibió enojado la noticia del empate. Diego García arguyó que no era vergonzoso, pues habían demostrado ser tan buenos como los contrarios. "Por mejores os mandé yo", dicen que respondió el Gran Capitán.
El caso es que, una vez empezada la guerra abierta, Paredes se distinguió frente a los franceses protagonizando una hazaña tras otra. Por su tamaño y el daño que les causaba, los franceses le apodaban "el Gran Diablo".
Su aportación fue decisiva en la gran victoria de Ceriñola (1503) y mucho más en la del Garellano (1504), sobre cuyo puente realizó su hazaña más memorable. El episodio parece sacado de una novela:
Franceses y españoles se encontraba frente a frente, cada ejército a un lado del Garellano, cuyo puente ambos custodiaban con toda precaución. Las escaramuzas se sucedían con frecuencia. Un día, un contingente de franceses sorprendió y arrolló a la guardia española, y se plantaban a las puertas del campamento español. Diego García lideró enseguida la defensa, dificultada por el fuego de la artillería enemiga. Tras el primer embate, los franceses se retiraron, viendo que no podían con Paredes y sus hombres.
Paredes concibió así la idea de dejar pasar el puente a los franceses, para vencerlos después en el propio campamento, y convencido de la genialidad de su plan, fue a proponérselo al Gran Capitán. Este, que era mejor estratega y mucho más prudente que Paredes, le contesto: "Diego García, pues Dios no puso miedo en vos, no lo pongáis vos en mí".
Alterado por la respuesta, agarró Paredes su montante, y se puso a cruzar el puente a pie y en solitario. Los franceses, que le conocían y que le vieron venir sin compañía alguna, pensaron que venía a parlamentar, y se acercaron a él confiadamente. Paredes, enarbolando el montante, anunció a grandes voces que había venido a dar pueba de sí mismo con cuantos franceses se le opusiesen. Pronto se entabló el desigual combate, para sorpresa de cuantos estaban a uno y otro lado del río, y Paredes estaba tan encorajinado que lanzaba franceses al agua de dos en dos. Sus colegas españoles acudieron pronto a respaldarle, y se organizó una batalla en toda regla; los franceses, no obstante, eran más, y los españoles opinaban que era mejor dejar la lucha. Paredes no quería, y seguía repartiendo mandobles. Todos sus amigos le rogaban que volviese en su juicio y se retirase, y sólo tras haberse quedado satisfechgo con el número de enemigos abatidos, les hizo caso Paredes y volvió a su campamento.
Bueno, Martín, con esto te vale por ahora? 
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Fiera
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Proud Member of the Spanish Gang
Mar 2000 time: 06:18
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Te acuerdas porque leíste su vida en un libro, "Mar Brava. Historias de corsarios, piratas y negreros españoles". Me lo recomendaste a mí y yo me lo compré. Fue por el tiempo en que le dabas vueltas a un escenario sobre las campañas del Gran Capitán. ¿A que tengo buena memoria? 
Pedro Navarro fue, efectivamente, otra de los grandes figuras de las guerras de Nápoles. Luchó codo con codo con García de Paredes en Ceriñola y el Garellano, pero son caracteres totalmente opuestos: mientras que Paredes estaba obsesionado por el honor, Navarro era un tipo mucho más práctico, el clásico mercenario sin demasiados escrúpulos ni sentimentalismos, como demuestra su cambio de bando a los franceses.
Respecto a lo de la verosimilitud, te diré que las hazañas de Paredes aparecen no solo en las dos crónicas españolas que se conservan sobre las guerras de Nápoles (escritas por testigos de las mismas, uno de los cuales fue sin duda buen amigo de Paredes), sino también son citadas por un cronista italiano, Paulo Jovio, obispo de Nocera, contemporáneo a los hechos y testigo también de las campañas del Gran Capitán. Los episodios del duelo y del puente, que quizá sean los más increíbles, son confirmados también por las crónicas francesas.

Last edited by Fiera on 14-03-2002 at 04:48
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Jason
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Halifax, NS, Canada
Aug 1999 time: 05:18
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Just so - So there isn't much in Don Quixote about the new "honorary" knights in XV-XVI? I'm doing 1500-1700.
Don Quixote's main target is chivaleric literature, romances, etc, but the writing of the book is contemporary with the granting of the knighthoods - there are several Cervantes in Santiago even, although they aren't from Alcala de Henares.
I'm looking for a quote that might explain the prestige that men got seeking their knighthoods, or anything else about the "new knights." So far the only quote I have is a little distinction DQ draws in chapter XXIV between the nobility of the sword and robe.
quote: ... for there is nothing in the world more commendable than to serve God in the first place, and the king in the next, especially in the profession of arms, which if it does not procure a man so much riches as learning, may at least entitle him to more honour. It is true, that more families have been advanced by the gown, but yet your gentlemen of the sword, whatever the reason of it is, have always I know not what advantage above the men of learning; and something of glory and splendour attends them, that makes them outshine the rest of mankind. |
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