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Feb 2001 time: 06:36
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Pues sí, después de haber aprendido a jugar al HoI, y tras haber literalmente devorado los AARs del foro de Paradox (me declaro admirador incondicional, por ejemplo, de Miguel Ángel, que está haciendo un AAR húngaro impresionante), he decidido hacer yo uno y ponerlo aquí, a ver si gusta.
No podré actualizar muy a menudo, especialmente ahora que estoy de exámenes, pero en fin... espero que les guste, damas y caballeros 
Cualquier comentario será bien recibido, desde luego.
Características de la partida:
Hearts of Iron, v1.06
Mods empleados: ninguno.
País: Francia... y que no nos pase nada.
Nivel de dificultad: Normal (eh, soy un novato y juego con Francia, ¿vale? ya sé que los real men lo ponen en "muy difícil")
Agresividad de la Inteligencia Artificial: Normal.
EDIT: El AAR ya está terminado. El que quiera, puede descargarlo en PDF aquí (recomendable hacerlo con botón derecho y "guardar destino como...").
Last edited by jasev on 25-04-2005 at 17:09
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Feb 2001 time: 06:36
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AAR Francés: Vive la Republique!
Capítulo I: Una tensa Reunión
La guerra es un asunto demasiado grave para confiárselo a los militares. - Georges Benjamin Clemenceau
Ocho de Enero de 1936; París, despacho del Primer Ministro Pierre Laval. En presencia del Jefe de Estado Mayor, el Mariscál Gamelin.
-¿Sabe por qué le he hecho llamar, Mariscal Gamelin?
-Lo ignoro, Monsieur Premiere.

Pierre Laval, Primer Ministro Francés - Mariscal de Francia Maurice Gamelin, Jefe del Estado Mayor de Francia
Laval tomó un grueso fajo de papeles de encima de su mesa y se lo arrojó, más que entregarlo, al jefe del ejército francés.
-Esto, mi querido amigo, estaba esta mañana entre los asuntos que debía despachar ayer. No viene del exterior, lo que significa que alguien en este mismo edificio, alguien que tiene una elevada autorización de seguridad, tiene tanto interés en que yo lea este informe como para lograr colarlo entre mi correspondencia. Hubiera sido una verdadera descortesía no complacer a nuestro desconocido amigo, de modo que lo he leído. No del todo, desde luego; pero lo bastante como para comprender su esencia.
Tan pronto como Gamelin hubo leído el título, y sobre todo el nombre del autor, en la portada del trabajo, palideció. Conocía ese informe, vaya que si lo conocía, y había hecho todo lo posible para ocultarlo de modo que bajo ningún concepto llegara a manos de un político. Un hombre sin la experiencia militar que él mismo y el estado mayor poseían, podían verse persuadidos por el entusiasmo de aquel advenedizo coronel.
-Monsieur Laval, este informe fue publicado a finales del año 34, fue estudiado y el alto mando decidió rechazar sus conclusiones. De hecho, le envié personalmente en Marzo del año pasado las conclusiones que un comité formado al efecto extrajo de él, ¿recuerda?.
-Monsieur Gamelin, ¿de qué demonios me está usted hablando? He estado haciendo memoria, y todos los informes de estado mayor que usted y su alto mando me han estado enviando hablan de una defensa estática capaz de detener cualquier ofensiva enemiga, no importa los medios acorazados o aéreos que éste emplee; para eso construimos la Línea Maginot. Pero jamás se me habló de la existencia de otra doctrina de guerra que pusiera en cuestión su maravillosa defensa estática; ustedes son los profesionales, de modo que sin duda ustedes son los más indicados para aconsejarme la estrategia a seguir... pero nunca, JAMÁS, me deben ocultar información – Laval se había ido irritando a medida que hablaba, y Gamelin juzgó oportuno interrumpirle antes de que la temperatura de la habitación subiera en exceso.
-Verá, los argumentos de ese hombre fueron estudiados cuidadosamente; sus ideas eran tan revolucionarias que vimos necesario estudiarlas por si hubiera siquiera un aspecto cierto en ellas. Monsieur Premiere, nuestra conclusión fue unánime: esa doctrina de guerra blindada es absurda. No creímos oportuno molestarle con lo que consideramos un mero intento de ganar cierto protagonismo de un hombre cuya carrera militar estaba, ciertamente, acabada. Así que le remitimos las conclusiones de la comisión: que el tanque nunca podrá dejar de ser un apoyo de la infantería.
-¿Sin mencionar para nada lo que decía el informe?
-No lo consideramos necesario, monsieur.
-Entiendo. Pues le voy a explicar por qué debieron considerarlo necesario. El Deuxieme Bureau me remitió cierta información hace dos semanas. Según parece, en Alemania hay un individuo, un General llamado Guderian, que sostiene unas ideas muy similares a las vertidas en este informe; y por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, el gobierno alemán no sólo fue informado de sus ideas sino que las escuchó y las ha estado apoyando. - "por eso mismo no quise que llegara hasta ellos", pensó Gamelin, "había que evitar que las apoyaran". El Mariscal de Francia sonrió, puso la expresión menos condescendiente que logró encontrar en su repertorio, y repuso:
-Monsieur, Napoleón solía decir "cuando el enemigo se equivoca, no conviene distraerlo". Si los alemanes deciden invertir su dinero, sus hombres, materiales y esfuerzos en escuchar a un insensato, mejor para nosotros.
EDIT: Correcciones apuntadas por El Awrence: gracias, yo el francés lo leo con dificultades pero nunca he sabido escribirlo 
Last edited by jasev on 04-07-2004 at 13:15
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Feb 2001 time: 06:36
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Era un buen argumento, sin duda. Gamelin tenía reputación de ser un hombre brillante, quizás sólo superado por Weygand en el ejército francés. El problema de Gamelin, como el de todo el maldito estado mayor, es que había quedado tan impactado por los miles de muertos que cada ofensiva había costado en la Gran Guerra, que no se atrevían a considerar la idea de una guerra de un carácter que no fuera absolutamente defensivo. Seguramente tenían razón, pero ¿y si los alemanes estaban en lo cierto al apoyar los tanques?
-Según mis informes, ese hombre daba clases en Saint-Cyr, pero poco después de la publicación del informe fue destinado a otro lugar.
-Sí, monsieur Premiere, lo ascendimos a General de Brigada (cargo que, por antigüedad, le correspondía; en rigor, si lo que pretendía era dar un empujón a su carrera, lo consiguió) y lo mandamos a hacerse cargo de una brigada de tanques H-35 en Nancy. Si tanto le gustan los tanques, decidimos que lo mejor era enviarlo a que los conociera más de cerca. -la sonrisa de Gamelin se expandió por todo su rostro; era evidente que lo consideraba muy divertido.
Laval no pudo evitar sonreír, pero esa broma no calmó sus preocupaciones. No había nada más que hacer, pensó; el estado mayor no cedería, y no podía enfrentarse a él, no cuando Alemania era cada vez más fuerte. Muy bien, decidió, lo dejaremos por esta vez, pero no voy a olvidar este asunto. Quizás pronto nos veamos obligados a estudiar este texto más atentamente.
-De acuerdo, Mariscal Gamelin, gracias por su tiempo. Dejaré este asunto por el momento en sus manos, y si considera que el informe es papel mojado, así será. Pero tal vez en otro momento hayamos de volver sobre él.
-Gracias, Monsieur Laval. Le aseguro que toma la decisión correcta, ese hombre fue un oficial muy competente en la Gran Guerra, y desde luego es de una inteligencia más que notable, pero tiene el horrible defecto del afán de notoriedad.
Cuando Gamelin se hubo marchado, Laval tomó el teléfono. Llamó al ministro de armamentos Fabry y al de inteligencia Paganon, así como a algunos contactos que tenía en el ejército. Al final de la tarde, concluyó que el armamento del ejército alemán era superior tanto en infantería como en tanques; en concreto, los Chars franceses eran fundamentalmente H-35 armados tan sólo con ametralladoras, mientras que los alemanes estaban armando sus PanzerKampfWagen con cañones de 20, 30 y hasta 40mm. Ante la fría estadística, Laval tomó tres decisiones:
1) Aprobar el desarrollo de un nuevo tanque ligero, con cañón de 40 mm, que sería el espinazo de las nuevas divisiones acorazadas.
2) Modernizar la fuerza aérea con nuevos cazas de corto alcance y bombarderos tácticos.
3) Conseguir como fuera nuevos cañones antitanques y antiaéreos para la infantería.
Llamó al ministro de armamentos para dar esas directivas para la investigación, y cuando acabó se preparó para marcharse a casa. Cuando se levantó para marcharse, vio por última vez el informe, que seguía encima de la mesa. “Vers une Armée de mètiére” (“Hacia un ejército profesional”), del Coronel Charles de Gaulle. Laval supo, instintivamente, que no podría olvidar ese nombre.
Last edited by jasev on 17-06-2004 at 00:01
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Feb 2001 time: 06:36
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Bien, hasta aquí el primer capítulo que no deja de ser una pequeña introducción. A efectos históricos, deseo comentar:
1) El informe es real. En él, de Gaulle proponía la creación de un cuerpo rápido compuesto por seis divisiones acorazadas con apoyo de la infantería motorizada. De hecho, algunos afirman que sirvieron de inspiración a Guderian.
2) El informe, en realidad, sí llegó al gobierno; se llegó a debatir en el parlamento, pero las opiniones del Estado Mayor francés lo ridiculizaron. He cambiado la historia para justificar que, en mi partida, las propuestas del informe sean escuchadas.
3) En efecto, como "premio", a De Gaulle lo enviaron a una división acorazada, pero como coronel al mando de un regimiento, no como general... tuve que hacer esa trampa porque en HoI, de Gaulle empieza el juego como General de Ejército (o sea, de cuatro estrellas). Voy a tener que hacer auténtico encaje de bolillos para ascenderlo de aquí a que empiece la guerra.
Por el momento, la partida está jugada hasta septiembre de 1937, "sólo" tengo que redactar estos dos años. Ahora mismo estoy de exámenes, de modo que, como dije, no voy a actualizar muy a menudo.
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Unspeakable Horror
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Feb 2001 time: 06:36
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Capítulo II: Los planes de Laval
Los militares cuentan demasiado con la fuerza, y los políticos cuentan demasiado con la habilidad. - Achille Tournier
Laval, hábil político, sabía que si tenía que enfrentarse a la "vieja guardia" del estado mayor francés, debía reducir la influencia del generalísimo Gamelin. De modo que, días más tarde, con el pretexto de reducir la inmensa carga de trabajo del jefe de estado mayor, le relevó de su cargo como jefe del ejército para dárselo en su lugar a Bourgeois. Aunque incomodó a algunos de la vieja guardia, lo cierto es que si había un minitro del aire y otro de la marina, ¿por qué razón el jefe de estado mayor debía cargar sobre sus hombros la pesada responsabilidad del ministerio del ejército? El hecho de que Bourgeois se revelara como un auténtico genio de la logística que permitió una distribución mucho más eficiente de los suministros al ejército acabó por acallar las voces discordantes. En la misma reforma, se sustituyó al ministro del aire Victor Denain, partidario de los bombardeos masivos, por Marcel Deat, firme partidario de la doctrina de la supremacía aérea. Si Francia había de modernizar su flota de cazas, en su mayoría anticuados biplanos, y equipar su ejército con equipamiento antiaéreo moderno, Deat era el hombre indicado.

El nuevo gabinete de Laval
La primera medida de Deat fue la de agrupar toda la fuerza aérea en un sólo cuerpo del aire bajo el mando del Mariscal del Aire Vuillemin: tres escuadrones de cazas y cuatro de bombarderos de tamaño medio, llamados "tácticos".

El ejército del Aire de Francia
El 23 de marzo, las instrucciones de Laval empezaron a surtir efecto: el Ministro Bourgeois comunicó al Primer Ministro la noticia de que se había empezado a distribuir entre los ejércitos franceses los nuevos cañones antitanque, antiaéreos y de la artillería de campaña. Al mismo tiempo, se ordenó el reclutamiento y entrenamiento de cuatro divisiones de infantería con equipamiento antiaéreo y de otras dos con equipamiento de artillería, que permitirían al ejército francés dividirse en cinco ejércitos defensivos apostados junto a las fronteras belga y alemana, cada uno de ellos con suficiente artillería, antiaéreos y anticarros, junto a dos ejércitos de nueve divisiones cada uno que actuarían como reserva móvil en caso de ruptura del frente. A pesar de que el estado mayor no vio con buenos ojos esta intrusión del gobierno en su tarea, no pudieron dar razones convincentes para rechazarlo.
El día dieciocho de Julio, estalló la guerra en España; el gobierno de la República Española pidió ayuda a las democracias occidentales para luchar contra un grupo de militares golpistas con claras inclinaciones fascistas. El gobierno francés, ante la perspectiva de tener un régimen fascista en cada frontera (primero Italia, después Alemania y ahora España), decidió apoyar al gobierno español con suministros y aprobando el reclutamiento de voluntarios. Pero cuando el servicio de inteligencia informó a Laval de que el gobierno alemán planeaba enviar a los militares golpistas modernos aviones y tanques, además de técnicos para enseñarles a manejarlos, el primer Ministro tomó una decisión: convocó a una reunión a cuatro personas: el jefe de estado mayor Gamelin, el ministro del ejército Bourgeois y el General Charles de Gaulle.
Last edited by jasev on 04-07-2004 at 13:17
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Feb 2001 time: 06:36
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- Caballeros, les he hecho llamar porque he decidido enviar un cuerpo expedicionario para ayudar a la República Española. No porque nos necesiten, en realidad se las están arreglando muy bien solos (dejando aparte el hecho de que tanto los rusos como nosotros les hemos apoyado fuertemente), sino porque ha llegado el momento, General de Gaulle, de que ponga en práctica sus ideas – sacó de un cajón el informe por el que siete meses antes se había enfrentado al generalísimo.
-Monsieur Laval -saltó éste-, creo que ésto debiéramos discutirlo.
-No hay nada que discutir, Monsieur Gamelin -repuso el político-, la decisión está tomada. Si el general de Gaulle se equivoca, hará el ridículo en España; yo lo haré en Francia y tendré que dimitir. Pero hasta que eso ocurra, si es que ocurre, sigo siendo el Primer Ministro; he hablado con el Presidente de la República, Monsieur Lebrun, y lo he convencido para que apoye esta iniciativa.
De Gaulle aún no había dicho nada. ¿Para qué? Era obvio quién iba a salir vencedor de aquella discusión, y por si había alguna duda, el ministro Bourgeois parecía ansioso por salir a defender a su jefe. Lo único que se estaba preguntando es la magnitud y el equipamiento del que podría disponer.
-Monsieur Bourgeois, dará usted orden para que todas las divisiones rápidas que componen nuestro ejército en la Metrópoli, esto es, cuatro divisiones de infantería motorizada, tres de caballería y dos DCR(*), sean agrupados en un cuerpo expedicionario, y pondrá este cuerpo bajo el mando del Teniente General de Gaulle.
-¿Teniente General? - dijeron los otros tres al unísono.
-Eso he dicho, caballeros. General de Gaulle, no puedo enviar a un brigadier al mando de nueve divisiones, de modo que le voy a ascender, temporalmente, al rango de general de cuerpo de ejército. Naturalmente, ese rango sólo tendrá efecto mientras esté usted en España, de modo que en cuanto regrese a Francia volverá usted a su rango actual. Ahora bien, si tiene usted éxito en España y sus teorías de guerra mecanizada son ciertas, haré efectivo su ascenso a General de División... incluso, con un poco de suerte, puede que llegue a Teniente General sin llegar a ser General de División.
-¡No puede hacer eso, Monsieur! - gritó Gamelin- ¡No puede saltarse así como así el escalafón!
-Mi querido Mariscal, le recuerdo que si quiero puedo hacer a De Gaulle jefe del Estado Mayor, así que por favor no me tiente. Si tan seguro está de que la doctrina de guerra móvil fracasará, no veo el problema: de Gaulle sólo tendrá el rango de Teniente General en España; tan pronto como vuelva a Francia, volverá a ser Brigadier y su cuerpo de ejército será disgregado por todo el ejército.
Gamelin estaba blanco; la mera mención de la posibilidad de quitarle su puesto de Jefe de Estado Mayor le había hecho enmudecer. Desde luego, Laval lo había dicho en tono de burla, no tenía la menor intención de tomar semejante decisión y ambos lo sabían, pero el mero hecho de que lo hubiera pensado asustó realmente al generalísimo. Puede que el primer ministro hubiera perdido el juicio.
-Pero, ¿por qué darle el mando a de Gaulle? Podría enviarlo al mando de una división como subordinado de algún verdadero general de cuerpo de ejército, como Bethouart por ejemplo.
-Sigue sin entenderlo, ¿verdad? Desgraciadamente, con la posible excepción del general De Hautecloque (y creo que todos sabemos que no es la persona más indicada para ese puesto), de Gaulle es el único que sabe lo que hacer con un tanque en todo nuestro ejército. Por eso no puedo ponerlo bajo el mando de otro.
Con esa frase la discusión acabó. Laval acababa de apostar su carrera política, y quizás el futuro de Francia, por el joven general; una apuesta arriesgada, sin duda, pero que tal vez mereciera la pena.
(*) Division Cuirassée de Réserve, nombre que recibían las divisiones acorazadas en el ejército francés.
Last edited by jasev on 17-06-2004 at 12:25
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Feb 2001 time: 06:36
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Capítulo III: La Guerra Civil Española
Cualquier guerra entre europeos es una guerra civil - Eugenio D'Ors

El ejército ligero de De Gaulle
Así se hizo: de Gaulle fue nombrado Teniente General y puesto al cargo del Armée Lègere formado al efecto. Nada más llegar, se vio que le gustaba moverse deprisa: el día 28 de Julio, Bilbao había caído en sus manos tras una breve escaramuza con dos divisiones del ejército sublevado.
A pesar del éxito del cuerpo expedicionario, la popularidad de Laval sufrió enormemente por la entrada en la guerra. Él, que se había definido como pacifista, había enviado a soldados franceses a morir por otro país, en una guerra que nadie entendía del todo. El día 29, justo un día después de la toma de Bilbao, el frente popular ganó las elecciones, y León Blum subió al poder.
Bilbao, 31 de Julio de 1936: Cuartel general del Armée Lègere. Conversación entre el General Charles de Gaulle y su secretario, el capitán François Bertrand.
-Mi general, acaban de llegar de París las noticias que estaba esperando.
-¿Y bien?
-El Frente Popular ha ganado las elecciones. León Blum es el nuevo primer ministro.
-¡Dios! Qué catástrofe. ¿Se sabe ya quién será el nuevo ministro de exteriores?
-Aún es pronto, pero se rumorea que el puesto será para Daladier...
-¿Ese contemporizador? Estamos perdidos, seguro que hace que nos retiremos. A menos que nos movamos rápido, nos ordenarán volver a París, y habremos perdido nuestra oportunidad.
-¿Puedo preguntarle qué es lo que pretende, mi general?
-Muy simple, mon amí, vamos a ganar esta maldita guerra.
Bertrand no pudo evitar esbozar una sonrisa sarcástica; admiraba el talento militar de su superior, pero esa admiración no le impedía ver la inmensa arrogancia de la que adolecía. El general era un hombre presuntuoso, y sin duda esa afirmación no era sino una muestra más de ello: ¿cómo pretendía ganar la guerra con tan sólo nueve divisiones?
-Me permito indicarle, mi general, que tenemos órdenes del general Miaja y del estado mayor republicano...
-¿A quién le importan las órdenes de ese hombre? No somos la chusma de su ejército, somos soldados franceses y como tales nos conduciremos; si a su estado mayor no le gusta, que renuncien a nuestra ayuda... de todas formas, si no actuamos nuestro gobierno nos va a ordenar la retirada.
-Eso es lo que no entiendo, mi general; en teoría, el Frente Popular de Blum debería estar más que deseoso de ayudar a la república española, después de todo tienen grandes afinidades ideológicas.
-Preste mucha atención, capitán, a lo que voy a decirle: en política, las afinidades ideológicas no sirven absolutamente para nada cuando entra en juego el nacionalismo. Sí, tanto Francia como España están gobernadas por coaliciones de Frente Popular, pero ante todo y sobre todo, son franceses y españoles. A los franceses nos importa bien poco lo que les pase a los españoles, siempre que no nos molesten demasiado.
-Entonces, ¿qué hacemos aquí, si no nos importa?
-Entrenarnos. Los alemanes han enviado aquí a técnicos de su ejército y su aviación para ver cómo responden sus armas en combate; nosotros hemos hecho algo parecido. Laval quiso comprobar la utilidad de los tanques en combinación con la infantería motorizada en la guerra moderna, y por eso nos envió. Pero Blum no sabe nada de eso, y no podemos contar con que Laval lo convenza de ello; de modo que si no actuamos rápido, nos hará volver.
-Y exactamente, ¿cómo pretende impedirlo?
-Nuestra única posibilidad, capitán, es convertirnos en hérores: que en Francia todos conozcan y admiren nuestros hechos de armas; si lo conseguimos, el nuevo gobierno no se arriesgará a retirarnos por miedo a la reacción del público. Es por eso por lo que voy a ordenar el ataque contra Navarra. Tome las medidas oportunas para ello.
Last edited by jasev on 04-07-2004 at 13:18
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Feb 2001 time: 06:36
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El día 9 de Agosto, de Gaulle llegó a Pamplona, defendida por tan sólo una división al mando del General Álvarez-Arenas. Tras una breve batalla, éste hubo de retirarse al sur del río Ebro. En ese momento, parecía claro que la República ganaría la guerra: con el Mediterráneo en manos de la flota gubernamental, Barcelona no tardaría en Caer, y Andalucía Occidental tampoco podría resistir mucho más. De Gaulle había de darse prisa si pretendía ganar la guerra, o los españoles se le adelantarían, de modo que tomó una decisión cuanto menos arriesgada: lanzarse sobre las posiciones más fuertes de los militares rebeldes, en Burgos. Atacar Burgos desde Navarra no era estratégicamente aconsejable, dado que el paso estaba parcialmente obstruido por el Ebro, de modo que decidió cruzar el Ebro por Zaragoza, que estaba peor defendida, y luego lanzarse sobre Burgos.

La guerra en Agosto de 1936
El día 14 de Agosto, el nuevo gabinete de León Blum tomó posesión: como estaba previsto, el pacifista Daladier asumió la cartera de Asuntos exteriores, mientras que Auriol se convirtió en el nuevo ministro de industria y Salengro en el de seguridad. Sorprendentemente, el resto de los ministros continuaron en sus cargos, incluyendo Joseph Paganon, el popular ministro de Seguridad Interior, y el indiscutible Mariscal Gamelin como jefe de Estado Mayor; probablemente Blum intuía que se avecinaban malos tiempos y quería estar preparado contando con hombres experimentados en posiciones clave. Auriol, para sorpresa de muchos, se convirtió en un excelente ministro de Industria: inició un ambicioso plan de gestión de la producción que permitió incrementar la producción industrial en un 15% en poco tiempo.
Como había previsto de Gaulle, Blum y su ministro Daladier deseaban la vuelta del cuerpo expedicionario, así que hicieron los preparativos para ordenar esa vuelta a casa. Sin embargo, no habían contado con la enorme rapidez de movimientos del Armée Lègere: el día 17, tras un dramático cruce del Ebro, el general de Gaulle alcanzó las posiciones que dos divisiones fuertemente atrincheradas (entre ellas, la mejor fuerza acorazada de los sublevados: la división blindada 'Brunete') al mando del general Álvarez-Arenas defendían. Tras una semana de violentísimos combates, las fuerzas defensoras fueron destrozadas y los escasos supervivientes se retiraron hacia Valladolid. De Gaulle había sufrido pocas bajas, en torno a un 5%, pero sus tropas estaban demasiado cansadas tras una semana de combate. Sus deseos eran lanzarse sobre Burgos, pero sus tropas sencillamente no podían moverse; de modo que decidió enviar un telegrama a París.
ZARAGOZA TOMADA STOP CUATRO DIVISIONES ENEMIGAS STOP UNA BLINDADA STOP DIEZMADAS Y EN RETIRADA STOP ME DIRIJO A BURGOS EN ESTE MOMENTO STOP
Naturalmente, ese telegrama tenía más mentiras que "stops"; no habían sido cuatro sino dos divisiones, y desde luego no se dirigía a Burgos, sino que necesitaría una semana para reorganizar y reaprovisionar a su ejército; pero la intención de ese telegrama no era dar una información veraz al alto mando, sino dar la información que debían oir los periodistas, por eso lo envió sin cifrar.
Al no estar en clave, mucha gente (empezando por los telegrafistas) pudo leerlo y contarlo a otros. Al día siguiente, la mitad de los periódicos de Francia sacaba en portada la noticia de los heroicos soldados franceses que se cubrían de gloria luchando en España y que ahora se dirigían contra la provincia mejor defendida del enemigo: la capital, Burgos. El gobierno no podía retirar a los héroes de Francia sin aparentar cobardía, así que tuvieron que hacer de tripas corazón y mantener al cuerpo expedicionario, rezando porque a de Gaulle le arrancara la cabeza un obús de calibre doce.
No fue así: el día 14 de Septiembre, las tropas de Francesas llegaron a Burgos, donde se enfrentaron con cuatro divisiones de infantería, entre ellas dos de Guardias Civiles, al mando del general Cabanellas. Al no existir obstáculos naturales como en el caso de Zaragoza, los tanques y la infantería motorizada pudo moverse a sus anchas por la amplia meseta castellana, que parecía haber sido creada para la guerra acorazada. Tras cuatro días de combates, en los que varios corresponsales de guerra franceses invitados por el General pudieron ver la movilidad de sus fuerzas en acción, el General Cabanellas se retiró con menos de un 20% de sus fuerzas a Galicia. Las bajas del Armée Lègere no habían pasado del 5%, y las divisiones más castigadas habían sido las de caballería, lo que demostraba a ojos de la prensa que la caballería era un arma obsoleta en comparación con los blindados.

Las batallas de Zaragoza y Burgos
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Feb 2001 time: 06:36
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Desde ese momento, los nacionales no hicieron más que librar batallas defensivas que no podían ganar. El 16 de octubre cayó Galicia, el 4 de Noviembre Asturias y el 18 de Noviembre las fuerzas de de Gaulle, apoyadas por tropas republicanas del general Miaja, derrotaron a las últimas cinco divisiones sublevadas que defendían Valladolid, la última provincia que controlaban los sublevados en la península.
ÚLTIMO PARTE DE GUERRA:
En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército fascista, han alcanzado las tropas de la República sus últimos objetivos militares.
LA GUERRA HA TERMINADO.
Madrid, 24 de Noviembre de 1936.
Pocos días después, las tropas de de Gaulle volvieron a París, donde fueron recibidos como auténticos héroes: de Gaulle fue ascendido a General de División (la posibilidad del ascenso a Teniente General había sido de Laval, y Gamelin se había olvidado convenientemente de mencionársela a Blum) y confirmado al mando del Armée Lègere, la nueva reserva móvil del ejército francés. En rigor, sólo un teniente General o un General de Ejército tenía rango suficiente para tener nueve divisiones bajo su mando, pero el ejecutivo decidió que puesto que el cuerpo funcionaba tan bien bajo su mando, era mejor mantenerlo así. Nominalmente, fue puesto bajo la autoridad del Mariscal Juin, pero éste recibió instrucciones concretas de dejar las manos libres a de Gaulle.
El 13 de Enero de 1938, concluyó la primera gran reforma del ejército: se pusieron en servicio cuatro divisiones de infantería, con dos brigadas de artillería y otras dos de antiaéreos; se equiparon las divisiones con armamento antitanque, antiaéreo y de artillería más moderno; y se disolvieron las tres divisiones de caballería del Armée Lègere, que habían demostrado su obsolescencia en la Guerra Española. La distribución del ejército francés quedó así:

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