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Chilean President™
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Viña del Mar, CHILE
Feb 2001 time: 00:25
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Hasta el momento Siria, Francia, Chile y China se han pronunciado en contra de la guerra y la mantención de los inspectores en Iraq... sé que mantener la ilusión en una vía pacífica es inútil, sin embargo ver que el mundo se ha alineado con la paz y la estabilidad mundial es un logro.
(hey que pasa con España! está hablando Ana Palacio en contra de Iraq!! Totalmente alineada con EUA, increible! )
En fin, comparto con ustedes este pequeño comentario que apareció en la revista El Sábado, el día de hoy en El Mercurio (no me pregunten pq un viernes aparece una revista con ese nombre )
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Antaño se creía que los sólidos neandertales eran antepasados nuestros, pero en las últimas décadas la paleontología ha conseguido avances formidables y hoy sabemos sin ningún género de dudas que eran nuestros primos. Esto es, somos dos especies distintas del mismo animal. Los neandertales poblaron la Tierra durante casi el doble del tiempo que nosotros llevamos por aquí: aparecieron hace 200 mil años y se extinguieron hace 30 mil. Nosotros (es decir, los Cro-Magnon), surgimos en África hace unos 90 mil años. Pero fue hace 40 mil cuando llegamos a Europa, y allí nos encontramos con nuestros primos. Durante diez milenios, por lo tanto, compartimos el mismo espacio geográfico.
Con nuestro engreimiento y nuestra tradicional prepotencia, siempre hemos argumentado que el hecho de que sólo existiera una especie humana (al contrario que en las demás familias animales, en las que las especies se multiplican), era una prueba más de nuestra maravillosa especificidad, de nuestra sublime diferencia con los demás bichos del planeta. Eso supuestamente demostraba que los humanos estábamos hechos a la imagen de Dios, que éramos los únicos seres provistos de alma (impreciso ectoplasma que vaya a saber qué es) y que, en definitiva, éramos los reyes indiscutibles y absolutos de la creación.
Pero ahora, imagínense qué maravilla, sabemos que hubo un tiempo en el que varias especies de homínidos compartieron la Tierra. Qué vertiginosa fascinación debía de producir esa criatura especular que era casi igual, pero que era distinta. Es incluso probable que mantuviéramos relaciones sexuales, pero no queda nada en nosotros del material genético de los neandertales. De manera que nuestras especies no debían de ser fértiles al cruzarse, o quizás engendraran híbridos estériles (una suposición conmovedora: qué solitarios y qué desgraciados debieron de ser esos pobres individuos cruzados, si existieron).
Lo que sí nos queda de nuestros peludos y robustos primos es la memoria mítica. En todas las sociedades humanas, existen antiquísimas leyendas sobre criaturas grandes y feroces de rasgos desmesurados y abundantes melenas. Tienen diversos nombres, pero todos comparten el aspecto físico de los neandertales; son los gigantes clásicos, los trolls escandinavos, los big foot anglosajones, los ogros comeniños, los yetis o abominables hombres de las nieves... El rastro del temor que nos producían se detecta en todos estos cuentos. Eran seres monstruosos y peligrosos, eran el enemigo. Pero, si se mira lo sucedido, los verdaderamente peligrosos debíamos de ser nosotros. Porque lo más probable es que acabáramos con ellos.
No se sabe por qué se extinguieron los neandertales: su desaparición es uno de los grandes enigmas de la ciencia. No existe ninguna prueba fósil que confirme que los Cro-Magnon los extermináramos, pero aun así, como dice la eminente paleontóloga Meave Leakey, resulta inevitable imaginarlo: los neandertales, que se las habían apañado para sobrevivir durante tanto tiempo, desaparecieron justamente cuando nosotros llegamos al vecindario. De manera que es posible que nuestra especie tenga como acto fundacional el genocidio. A diferencia de las demás especies animales, que se las saben arreglar para coexistir (el lobo y el zorro no son precisamente amigos, pero pueden compartir el mismo monte), nosotros no paramos hasta aniquilar a nuestro oponente. Esa crueldad innecesaria, esa ferocidad sin tregua ni paliativos nos hace ser sin duda una especie única y distinta, pero sólo porque padecemos una patología mental.
¡Pero si incluso nos exterminamos a nosotros mismos por mínimas diferencias de color de piel, o de costumbres, o de religión! Si ahora mismo estamos enloqueciendo una vez más y demonizando a esa mitad de la humanidad que cree en Mahoma (al igual que ellos nos demonizan a nosotros), ¿qué no les habremos hecho a los neandertales, que eran de verdad algo distintos? Tal vez la historia primordial de Caín y Abel recoja en última instancia esa matanza primera, el pecado original de haber acabado con otra especie, la marca infamante e indeleble del asesino. Así nos va. Somos unos animales enfermos y dañinos.
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Thorgal
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Tarifa, Cádiz.
Jan 2002 time: 05:25
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Con todos esos países con derecho a veto, la ONU ya nació inválida.
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